Arquitectura Evolutiva

      En la exploración de mi quehacer arquitectónico, he observado que la arquitectura ha sido definida por algunos como un arte y oficio, por otros como una ciencia técnica y por algunos más como todas las anteriores. Esta hermosa actividad que a veces logra significar ese Todo, tiene la capacidad de transformarse, de ser un sistema vivo, de tener una esencia, de ser inherente a la civilización y al mismo humano como ser individual, y por lo tanto, ser capaz, como cualquier sistema, de evolucionar en respuesta a condiciones externas.

 

Si he de responder a la pregunta ¿Qué es Arquitectura Sustentable o Sostenible? Sin lugar a dudas respondería que es el diseño de las interacciones y procesos que se llevan a cabo dentro y fuera de un espacio, contextualmente factible y adaptable al presente, pero resiliente ante los cambios futuros e inevitables.

 

Si partimos de la idea de entender que la arquitectura es un sistema vivo, es aplicable a esta disciplina el principio biológico de la supervivencia, considerando que tanto los seres vivos como sus creaciones, poseen el mismo potencial de evolucionar, entendido como la carrera por mejorar sus características para preservar y garantizar su existencia.

 

En el caso específico del diseño arquitectónico, esta cualidad de sobrevivir a la brusquedad de los cambios (climáticos, políticos, económicos, socioculturales, etc.), incluye también la posibilidad de incidir de manera positiva en su entorno, haciendo de la arquitectura, la actividad emblemática para lograr un verdadero cambio en beneficio de la conservación del Planeta y sus sistemas vivos, incluyendo por supuesto a nuestra especie.

 

 

 

Esta conclusión es la suma de interminables pláticas y discusiones, así como de un análisis histórico, comparativo y profundo que tiene como propósito aproximarnos al ideal arquitectónico sostenible, donde el reto radica en intentar en ir más allá y postulando que la arquitectura puede ser  e v o l u t i v a, proponiendo así un modelo diferente a la dinámica actual del quehacer arquitectónico, mediante la firme convicción de establecer una ponderación contextual objetiva y equilibrada entre el uso al que será destinado la edificación, las necesidades sociales de los usuarios y su capacidad económica-adquisitiva; entre la intervención tecnológica para el aprovechamiento de los recursos hídricos y energéticos y su abastecimiento, sumado a una verdadera optimización y concientización de su consumo; y finalmente, entre las necesidades culturales distintivas de cada región y la viabilidad jurídica de cada territorio; todo ello en una línea armonizada y responsable con el entorno natural donde se ubique.  (PUNZO y BIDEGAIN 2017)

 

 

“Pensar globalmente, actuar localmente”

 (Dubos, Rene. “Conference on the Human Environment” de Naciones Unidas, 1972).